LA MUJER DE ARENA
No tengo fiebre, solo deseo,
sangre abotargada y vestida,
mi deseo saldrá esta noche…
a inundar mundos cuadrados,
seducir vampiros,
incendiar el mañana.
A infiltrase en la tierra
árida de cualquier camino
a volar…
de la fiebre que no es,
coagularse o gangrenarse,
por pura necesidad
de dignificar
sus condiciones de vida.
