“Para cuatro comensales”(cuento que le debía a Watari)
- 50 ccs de aceite. -1 cabeza de ajos. - 1,5 kilos de conejo.
- 3 guindillas picantes. - 1 hoja de laurel. - 1 vaso de vino blanco seco.
Se trocea el conejo.
Se pelan y se fríen los ajos.
Antes de estar fritos del todo se le pone la guindilla picante.
Se añade el conejo y se fríe un poco, hasta que esté dorado.Añadir la hoja de laurel y el vaso de vino y se pone a cocer hasta que el conejo esté tierno y la salsa se reduzca y quede como acaramelado.Siempre que llego del trabajo lo primero que hago es quitarme los zapatos, bajarme de los tacones es como entrar en otra realidad, saltar a una vida donde no hay prisas ni carreras por el pasillo que da a la sala de juntas, Prendo unas varitas de sándalo y mientras empiezan a desprender su fragancia, presiono el play del aparato reproductor de música, sonidos de otros países me hacen soñar que viajo, vestida con sandalias y un sari naranja, a veces puedo sentir el olor a tierra mojada que envuelve las calles de Bangla Desh en la temporada de las lluvias , otras cierro los ojos y me parece quedarme hipnotizada por la danza repetitiva de un móvil de madera que el viento mece prendido de una ventana en una casa de dos plantas en Sudáfrica. El sonido estridente del timbre tira bruscamente de mi, atándome el albornoz voy hacia la puerta, me asomo a la mirilla y mi madre parece un salmonete, los ojos abombados, la nariz desmesurada, se mueve con impaciencia y vuelve a presionar el interruptor, abro la puerta. - Ya me iba a ir, pensaba que no estabas. - Hola mamá.Irrumpe en el piso y una de las bolsas de la compra a punto está de tirar al suelo la vela que humea sobre el mueble del recibidor.- Como estás tan delgada, te traje algo de comer, seguro que tienes la nevera pelá. Y abre el frigorífico con tanta fuerza que tintinean los yogures naturales. Lo que yo decía, en una nevera como dios manda tiene que haber un poquito de todo. Se gira a mirarme preocupada. ¿es que no tienes dinero hija?- Si mamá, solo que acabé muy tarde y hoy no me dio tiempo a pasarme por el súper.- Yo he criao a tres hijos y siempre tuve tiempo para comprar, si es que os pasáis el día en el ordenador y ni limpiáis, ni compráis, ni nada, tu hermana Sole hoy fui a llevarle unas cosas y a estas horas no se había hecho ni su cama, ¡qué vergüenza!Me la quedo mirando mientras enciendo un cigarrillo, voy haciendo inventario de lo que saca de las bolsas: tomates, pimientos, patatas, naranjas…-Mira que tomates tan hermosos salen del huerto de tu padre, cógelo mira como pesa y que olor a tomate de verdad.Obedezco y sonrío, soy consciente de que estas son las pequeñas cosas que les hacen felices.- Y esto lo tienes que comer deprisa y si no lo congelas. Me ordena mientras saca algo de una bolsa.- ¿Qué es? - Mira que conejo más precioso.Arrugo el entrecejo mientras ella desenvuelve el animal lentamente, como destapándolo de su sábana de estraza. Sobresalen del papel sus patitas peludas, blancas, y las almohadillas de sus dedos rosadas como de gato. - Mamá pero tú sabes que yo no como carne. Le reprocho tapando al animal muerto con el papel.- Así estás que tienes hasta ojeras, eres todo huesos hija, tienes que comer más y dejar el tabaco de una vez, que te estás matando.¿Qué necesidad tienes de fumar?, con el miedo que te da la muerte yo no lo entiendo.Apago el cigarrillo y asiento con la cabeza.- ¿quieres un café ¿- Uy no, tu padre está esperándome y ya sabes que si tardo un poco se pone nervioso, me voy, el martes es su cumpleaños, ¿vendrás a comer?- Si mamá, claro que si. Retomo mi baño, cierro los ojos mientras me voy sumergiendo.Vibra el teléfono sobre la tapa del water, “No pienso cogerlo” y meto la cabeza debajo del agua. Con un zumo en la mano y el mando de la tele en la otra me siento la mujer más feliz del mundo, dueña de mi espacio, de mis decisiones, ahora si. Tertulias en las que una mujer levanta tanto la voz que los altavoces distorsionan el sonido, un documental sobre el cambio climático, oigo unos golpes secos y me pregunto cuál de mis vecinos tiene la idea brillante de colgar un cuadro a estas horas de la noche. Hago un repaso mental y deduzco que ha de ser Jaime, no lleva nada bien el tema de su separación, decido pasarme mañana a hacer de vecina solidaria y regalarle el dichoso conejo. Me crea ansiedad ese bicho en mi nevera. Enciendo la luz de la mesita de noche, las cinco y cuarto, esto ya pasa de castaño oscuro, no puedo dormir con tanto golpecito, pienso en la reunión, no será fácil despedir a Concha, después de diez años en la empresa, me parece una putada que quieran librarse de ella a estas alturas de su vida, y lo peor es que debo ser yo quien le de la mala noticia, a tientas busco un cigarrillo, he debido dejarlos en la cocina, me levanto envuelta en la manta, mientras camino por el pasillo veo una luz al fondo, ¡la vela! Pienso y salgo corriendo.Me detengo en seco ante la nevera abierta. Grito como una verdadera actriz al descubrir un rastro de sangre en el parqué. El dibujo de unas patitas sobre el suelo me indican la dirección que ha tomado “aquello” , me encierro en el lavabo para pensar, respiro e intento relajarme, abro un poco la puerta y allí está el tabaco sobre la mesa, “puedes hacerlo, puedes hacerlo” y de una carrera llego a él y regreso al lavabo,¡ pestillo y a salvo!.Al tercer intento logro encender el cigarro, miro a mi alrededor y me siento imbécil por no haber cogido el móvil para llamar a la policía. Me imagino la situación: - Hay algo suelto en mi casa, un ladrón que tiene hambre y que ha debido cortarse al hacerse un sándwich con el cuchillo jamonero, vengan deprisa.- Me dice su nombre Señorita.- Carla Robles.- Pero, ¿usted no es vegetariana? ¿Qué hace con un cuchillo para cortar jamón?.Me río de mis paranoias y me siento en el suelo con la espalda apoyada en la puerta, el corazón me va a mil, de repente oigo un sonido de hocico husmeando en la ranura que queda en el suelo, golpeo la puerta para que lo que sea se aleje y oigo un repiqueteo sobre la madera del parqué, lo que sea se aleja deprisa.“¿Qué haría Jodie Foster? ¿Qué haría Jodie Foster?, me miro al espejo del lavabo, la camiseta de tirantes blanca, el pantalón del chándal, en las películas suelen hacerse una cola para ir más cómodas, busco en el cajón, ahí está, me recojo el pelo pero no se me ocurre ninguna idea brillante de heroína de película americana.Pienso en Jaime, lo imagino durmiendo llenando de babas su almohada, ¡maldito capullo pusilánime! , respiro hondo y abro la puerta dispuesta a todo, las huellas salen desde la puerta del lavabo y luego se dividen en dos direcciones, unas para mi habitación, decidida cojo una sartén y voy hacia allí, lo que sea está subido a mi cama, temblando enciendo la luz y enroscado sobre la almohada veo al conejo mirándome con cara de culpabilidad. Cierro la puerta y corro escaleras abajo perdiendo las zapatillas por los escalones.Jaime abre la puerta con una cara de zombi que me hace dar un salto hacia atrás.- Dios mío ¿qué te pasa? Jaime abre la puerta de la habitación, se gira a mirarme con una mueca de dolor y me sacude la mano de su brazo, no he sido consciente de que le clavaba las uñas con toda mi fuerza.- Míralo ahí está, le señalo al tiempo que él lo enfoca con una linterna.El animal baja la cabeza atemorizado.- ¡Pobrecitooo!. Exclama Jaime El animal busca la caricia de mi vecino y se pone boca arriba para que le rasque la barriga.- Si tú no lo quieres me lo quedo yo. Añade sonriéndome sin dejar de acariciarlo. Después de la reunión, necesito ir a pasear, no fue tan malo para Concha, al menos le dieron una buena indemnización, en la cafetería que da a la plaza un niño saca los palillos del palillero y los tira uno a uno al suelo mientras su madre habla con el camarero de lo cara que se ha puesto la leche. Miro por la ventana que da a la calle y veo a Jaime que me saluda desde lejos, lleva al conejo atado con un arnés y le ha comprado uno de esos jerséis de lana con dibujos de renos, se le ve distinto a Jaime, como más alto, la pena debía tenerlo encogido, el animal tira de él para oler algo en el hueco de un árbol y decido dejar de fumar apagando la colilla en el cenicero de barro.





