“Para cuatro comensales”(cuento que le debía a Watari)

Noviembre 30, 2007 at 10:53 pm (por Oldri)

- 50 ccs de aceite.                 -1 cabeza de ajos.                - 1,5 kilos de conejo.                      
-  3 guindillas picantes.         - 1 hoja de laurel.                  - 1 vaso de vino blanco seco.                      
Se trocea el conejo.

Se pelan y se fríen los ajos.
Antes de estar fritos del todo se le pone la guindilla picante.
Se añade el conejo y se fríe un poco, hasta que esté dorado.Añadir la hoja de laurel y el vaso de vino y se pone a cocer hasta que el conejo esté tierno y la salsa se reduzca y quede como acaramelado.Siempre que llego del trabajo lo primero que hago es quitarme los zapatos, bajarme de los tacones es como entrar en otra realidad, saltar a una vida donde no hay prisas ni carreras por el pasillo que da a la sala de juntas, Prendo unas varitas de sándalo y mientras empiezan a desprender su fragancia, presiono el play del aparato reproductor de música, sonidos de otros países me hacen soñar que viajo, vestida con sandalias y un sari naranja, a veces puedo sentir el olor a tierra mojada que envuelve las calles de Bangla Desh en la temporada de las lluvias , otras cierro los ojos y me parece quedarme hipnotizada por la danza repetitiva de un móvil de madera que el viento mece prendido de una ventana en una casa de dos plantas en Sudáfrica. El sonido estridente del timbre tira bruscamente de mi, atándome el albornoz voy hacia la puerta, me asomo a la mirilla y mi madre parece un salmonete, los ojos abombados, la nariz desmesurada, se mueve con impaciencia y vuelve a presionar el interruptor, abro la puerta. -          Ya me iba a ir, pensaba que no estabas. -          Hola mamá.Irrumpe en el piso y una de las bolsas de la compra a punto está de tirar al suelo la vela que humea sobre el mueble del recibidor.-          Como estás tan delgada, te traje algo de comer, seguro que tienes la nevera pelá. Y abre el frigorífico con tanta fuerza que tintinean los yogures naturales. Lo que yo decía, en una nevera como dios manda tiene que haber un poquito de todo. Se gira a mirarme preocupada. ¿es que no tienes dinero hija?-          Si mamá, solo que acabé muy tarde y hoy no me dio tiempo a pasarme por el súper.-          Yo he criao a tres hijos y siempre tuve tiempo para comprar, si es que os pasáis el día en el ordenador y ni limpiáis, ni compráis, ni nada, tu hermana Sole hoy fui a llevarle unas cosas y a estas horas no se había hecho ni su cama, ¡qué vergüenza!Me la quedo mirando mientras enciendo un cigarrillo, voy haciendo inventario de lo que saca de las bolsas: tomates, pimientos, patatas, naranjas…-Mira que tomates tan hermosos salen del huerto de tu padre, cógelo mira como pesa y que olor a tomate de verdad.Obedezco y sonrío, soy consciente de que estas son las pequeñas cosas que les hacen felices.-          Y esto lo tienes que comer deprisa y si no lo congelas. Me ordena mientras saca algo de una bolsa.-          ¿Qué es? -          Mira que conejo más precioso.Arrugo el entrecejo mientras ella desenvuelve el animal lentamente, como destapándolo de su sábana de estraza. Sobresalen del papel sus patitas peludas, blancas, y las almohadillas de sus dedos rosadas como de gato. -          Mamá pero tú sabes que yo no como carne. Le reprocho tapando al animal muerto con el papel.-          Así estás que tienes hasta ojeras, eres todo huesos hija, tienes que comer más y dejar el tabaco de una vez, que te estás matando.¿Qué necesidad tienes de fumar?, con el miedo que te da la muerte yo no lo entiendo.Apago el cigarrillo y asiento con la cabeza.-          ¿quieres un café ¿-          Uy no, tu padre está esperándome y ya sabes que si tardo un poco se pone nervioso, me voy, el martes es su cumpleaños, ¿vendrás a comer?-          Si mamá, claro que si. Retomo mi baño, cierro los ojos mientras me voy sumergiendo.Vibra el teléfono sobre la tapa del water, “No pienso cogerlo” y meto la cabeza debajo del agua.  Con un zumo en la mano y el mando de la tele en la otra me siento la mujer más feliz del mundo, dueña de mi espacio, de mis decisiones, ahora si. Tertulias en las que una mujer levanta tanto la voz que los altavoces distorsionan el sonido, un documental sobre el cambio climático, oigo unos golpes secos y me pregunto cuál de mis vecinos tiene la idea brillante de colgar un cuadro a estas horas de la noche. Hago un repaso mental y deduzco que ha de ser Jaime, no lleva nada bien el tema de su separación, decido pasarme mañana a hacer de vecina solidaria y regalarle el dichoso conejo. Me crea ansiedad ese bicho en mi nevera. Enciendo la luz de la mesita de noche, las cinco y cuarto, esto ya pasa de castaño oscuro, no puedo dormir con tanto golpecito, pienso en la reunión, no será fácil despedir a Concha, después de diez años en la empresa, me parece una putada que quieran librarse de ella a estas alturas de su vida, y lo peor es que debo ser yo quien le de la mala noticia, a tientas busco un cigarrillo, he debido dejarlos en la cocina, me levanto envuelta en la manta, mientras camino por el pasillo veo una luz al fondo, ¡la vela! Pienso y salgo corriendo.Me detengo en seco ante la nevera abierta. Grito como una verdadera actriz al descubrir un rastro de sangre en el parqué. El dibujo de unas patitas sobre el suelo me indican la dirección que ha tomado “aquello” , me encierro en el lavabo para pensar, respiro e intento relajarme, abro un poco la puerta y allí está el tabaco sobre la mesa, “puedes hacerlo, puedes hacerlo” y de una carrera llego a él y regreso al lavabo,¡ pestillo y a salvo!.Al tercer intento logro encender el cigarro, miro a mi alrededor y me siento imbécil por no haber cogido el móvil para llamar a la policía. Me imagino la situación: - Hay algo suelto en mi casa, un ladrón que tiene hambre y que ha debido cortarse al hacerse un sándwich con el cuchillo jamonero, vengan deprisa.-          Me dice su nombre Señorita.-          Carla Robles.-          Pero, ¿usted no es vegetariana? ¿Qué hace con un cuchillo para cortar jamón?.Me río de mis paranoias y me siento en el suelo con la espalda apoyada en la puerta, el corazón me va a mil, de repente oigo un sonido de hocico husmeando en la ranura que queda en el suelo, golpeo la puerta para que lo que sea se aleje y oigo un repiqueteo sobre la madera del parqué, lo que sea se aleja deprisa.“¿Qué haría Jodie Foster? ¿Qué haría Jodie Foster?, me miro al espejo del lavabo, la camiseta de tirantes blanca, el pantalón del chándal, en las películas suelen hacerse una cola para ir más cómodas, busco en el cajón, ahí está, me recojo el pelo pero no se me ocurre ninguna idea brillante de heroína de película americana.Pienso en Jaime, lo imagino durmiendo llenando de babas su almohada, ¡maldito capullo pusilánime! , respiro hondo y abro la puerta dispuesta a todo, las huellas salen desde la puerta del lavabo y luego se dividen en dos direcciones, unas para mi habitación, decidida cojo una sartén y voy hacia allí, lo que sea está subido a mi cama, temblando enciendo la luz y enroscado sobre la almohada veo al conejo mirándome con cara de culpabilidad. Cierro la puerta y corro escaleras abajo perdiendo las zapatillas por los escalones.Jaime abre la puerta con una cara de zombi que me hace dar un salto hacia atrás.-          Dios mío ¿qué te pasa?    Jaime abre la puerta de la habitación, se gira a mirarme con una mueca de dolor y me sacude la mano de su brazo, no he sido consciente de que le clavaba las uñas con toda mi fuerza.-          Míralo ahí está, le señalo al tiempo que él lo enfoca con una linterna.El animal baja la cabeza atemorizado.- ¡Pobrecitooo!. Exclama Jaime El animal busca la caricia de mi vecino y se pone boca arriba para que le rasque la barriga.-          Si tú no lo quieres me lo quedo yo. Añade sonriéndome sin dejar de acariciarlo.   Después de la reunión, necesito ir a pasear, no fue tan malo para Concha, al menos le dieron una buena indemnización, en la cafetería que da a la plaza un niño saca los palillos del palillero y los tira uno a uno al suelo mientras su madre habla con el camarero de lo cara que se ha puesto la leche. Miro por la ventana que da a la calle y veo a Jaime que me saluda desde lejos, lleva al conejo atado con un arnés y le ha comprado uno de esos jerséis de lana con dibujos de renos, se le ve distinto a Jaime, como más alto, la pena debía tenerlo encogido, el animal tira de él para oler algo en el hueco de un árbol y decido dejar de fumar apagando la colilla en el cenicero de barro. 

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“Muchas veces…”

Noviembre 1, 2007 at 4:54 pm (por Oldri)

Muchas veces me gusta la soledad, retirarme con mis ideas y mis recuerdos por eso os invito que me visiteis en este nuevo blog, http://oldrijpg.wordpress.com/ iré alternando post entre uno y otro , besitos.

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“Remedios…”

Octubre 30, 2007 at 5:31 pm (por Oldri)


Me dolía tanto el alma que afectó a otros organos menos espirituales y…
Una contractura me impedía mirar atrás, ¿era una señal? , rígida como una engreída acudí al trabajo, una clienta me recomendó un bálsamo chino cuya receta se creó hace cien años, la miré escéptica y me dijo que a ella fue lo único que le calmó el dolor.
Quise creerla, como a esos amantes que sabes que mienten.
En una callejuela del casco antiguo por la que había pasado miles de veces me topé con una herboristería que se parecía más a una antigua botica, la puerta estaba atascada, y el dolor me impedía empujar con fuerza, cuando por fín la cerradura cedió ,bajé tres escalones de carrerilla , no había nadie detrás del mostrador así que me distraje leyendo las etiquetas que vestían frascos de porcelana blanco, olía a linimento y a incienso, de repente comenzó a sonar un violín, era un tango de Piazzola, las estanterías llegaban hasta el techo y había un rincón de la tienda que parecía una cordillera de especias, miré el reloj porque noté como en la calle oscurecía, no podía ser… ¿desde cuando cae la noche a las doce del mediodía?.
Mi primer impulso fue salir de allí ,pero la puerta estaba atascada de nuevo.
La música del violín cesó, oí en su lugar un fatigoso caminar , el roce de unos zapatos sobre el suelo de parqué.
- ¡wan-an! (buenas noches) Exclamó un anciano desde detrás del mostrador.
- ni hao ma. (¿cómo está usted? )Añadió sonriendo.
Llevaba un kimono gris oscuro y el cabello tan largo que caía sobre el mostrador como un hilo de leche blanca que se estuviera derramando, con un índice huesudo y retorcido señaló uno de los frascos.
Me acerqué obediente al continente y leí la etiqueta en voz alta tartamudeando “Bálsamo de tigre Rojo “.
El anciano asintió con la cabeza .
- hen hao, hen hao, hen hao. (muy bien ,muy bien).
Y dio un manotazo a una cortina estampada con un dragón de cuyas fauces salió humo.
Pasaron unos segundos en los que estuve tentada de huir ,pero la curiosidad no me dejaba moverme de aquel extraño lugar.
El anciano volvió a aparecer con algo envuelto en una tela y con una caja de cartón diminuta en la otra, me extendió los dos objetos y los cogí. Saqué el monedero para pagar y negó pausadamente con la cabeza, le miré desconcertada y me señaló el bolso, se lo mostré y metió la mano huesuda en él, removió mis cosas sin siquiera mirar y sacó una piedra blanca que había recogido una tarde que paseaba junto al río. Se la acercó a sus ojos oscuros de pájaro y se le llenaron de lágrimas, emocionado me dedicó una sonrisa y una reverencia.
-xiè-xiè.(gracias) exclamó entusiasmado.

- zai jian (adiós). y volvió a golpear la cortina y desapareció.
La puerta se abrió sola como empujada por el viento, en la plaza lucía un sol espléndido, me senté en un banco porque no pude posponer ni un segundo el descubrimento de los paquetes, la caja era de vivos colores decorada con un trigre de bengala saltando, abri el frasco y un olor a menta y canela me reconfortó , la textura era untuosa, como una cera. Lo dejé sobre el asiento y me dispuse a abrir el hatillo de tela , había una nota y la leí : “todo lo que necesitas para ser feliz está aquí ” aparté la nota y vi mis ojos, mi sonrisa, reflejados en un espejo labrado en plata,mientras me caía una lágrima ,un músico comenzó a tocar un tango de piazzola con un violín y decidí regalarle unas monedas.

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un estado

Octubre 27, 2007 at 12:31 pm (por Oldri)

Para vender cremas hablamos de un estado de piel, porque dependiendo de muchos factores la piel puede estar deshidratada, más o menos grasa,etc.

El corazón también tiene estados, a veces deshidratado, a veces saturado de emociones más o menos gratas, a veces parece seco, es triste descubrir que lo que me gusta de amar no es tener una persona a mi lado que me complete si no ese estado eufórico, me gusta como soy yo cuando amo y eso es lo que engancha de ese sentimiento, esa hipersensibilidad que se desata y que te hace ver la vida y los colores brillantes como una foto sobreexpuesta,ojalá algun día se repita y sienta esa sensación de siesta y tranquilidad absoluta, ojalá vuelva el estado que se parece al verano de los sentidos.

Una de las personas a la que más he amado, me dijo que había escrito esto para mi,subestimó mis conocimientos sobre literatura, no fui capaz de decirle que conocía este verso de Benedetti, le di las gracias por el poema y ella creyó que mis lágrimas eran de emoción.

Sobre las cartas de amor - Benedetti

Una carta de amor
no es un naipe de amor

una carta de amor tampoco es una carta
pastoral o crédito / de pago o fletamento

en cambio se asemeja a una carta de amparo
ya que si la alegría o la tristeza
se animan a escribir una carta de amor
es porque en las entrañas de la noche
se abren la euforia o la congoja
las cenizas se olvidan de su hoguera
o la culpa se asila en su pasado
una carta de amor
es por lo general un pobre afluente
de un río caudaloso
y nunca está a la altura del paisaje
ni de los ojos que miraron verdes
ni de los labios dulces
que besaron temblando o no besaron
ni del cielo que a veces se desploma
en trombas en escarnio o en granizo

una carta de amor puede enviarse
desde un altozano o desde una mazmorra
desde la exaltación o desde el duelo
pero no hay caso / siempre
será tan sólo un calco
una copia frugal del sentimiento

una carta de amor no es el amor
sino un informe de la ausencia

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“Viajemos”

Octubre 22, 2007 at 11:43 am (por Oldri)

El pan desnudo (fragmento)
” Como otros creyeron en la
existencia de la Atlántida, yo creo en la existencia de Tánger. En esta ciudad el hada tenía una varita que se llamaba Osadía. ”

Todo aquel que busca el alma insolente de Tánger puede aún encontrarla en sus calles y callejuelas, en sus rincones sombríos. Las huellas literarias de los grandes nombres que durante mucho o poco tiempo han residido en esta ciudad que se asoma al mar no se han borrado del todo. Para muchos, Tánger sigue siendo una ciudad fuera de la geografía, suspendida entre la tierra y el mar. Una novela libertina. Un poema escandaloso, místico. Una prisión sin barrotes a la que van a parar los decepcionados, los traidores, los desgraciados. La última frontera. El último sueño. El quif supremo, el genio del Rif. Un peñón desde donde tirarse al mar y permanecer allí para siempre. El destino de los ángeles.La lista de visitantes ilustres es larga, demasiado larga. A menudo se habla de ellos, de sus aventuras, y desde el punto de vista árabe, bereber, marroquí, se olvida la huella de Tánger. El Tánger de los rechazados, de los condenados, de los que buscan salir, escapar de Marruecos, es hoy el foco de la actualidad en la ciudad. A Tánger se la ha encerrado, se la ha sometido. Durante mucho tiempo, sólo se ha visto su lado in. Y este aspecto es forzosamente injusto, ilusorio.

Soy de Salé, una ciudad que se encuentra a orillas del río Bou Regreg, frente a la capital, Rabat. De familia tradicional y pobre. En mi casa, nunca se viajaba, nunca nos alejábamos de nuestro infierno y nuestro paraíso cotidianos. Pero un día de 1985 sucedió un milagro. En verano, mi hermano mayor nos llevó a mi hermano pequeño y a mí dos semanas de vacaciones a Tánger. Por primera vez en mi vida abandonaba mi mundo. En aquel tiempo, esta ciudad representaba lo desconocido. No sabía nada, por así decirlo, de su historia, de sus mitos, de su peculiar situación en Marruecos. Tánger se me presentó, apenas me atrevo a decirlo hoy, como si no fuera una ciudad marroquí. Nada en ella me era familiar. Nada me pertenecía, pero todo me seducía, me cautivaba. Era un extranjero en una ciudad extranjera. Un adolescente lleno de sueños eróticos en un mundo en el que la literatura parecía haber encontrado un lugar para reinventarse, para cambiar las palabras, el espíritu, entrar en el caos original, amar nuevamente como en la época de los hombres primitivos. No sabía nada, pero, en lo más recóndito de mí, capté todo, comprendí todo, respiré todo, y, sin saberlo, la literatura y la escritura entraron en un pequeño rincón de mi mente, de mi corazón, para vivirla y para crecer con ella. Y para obligarme después a pasar a la acción, a transformarse con los libros.

Al final de ese breve y decisivo viaje, mi hermano mayor me regaló una novela en francés. El pan desnudo, de Mohamed Choukri. Por segunda vez, y sin saberlo, me introducía en la senda de los libros y me convertía en escritor.

Había descubierto El pan desnudo en Tánger en agosto, unos días después de mi cumpleaños. Lo había leído por primera vez en árabe, cuando tenía 10 años, a escondidas, pero lo había olvidado. Aquí, en este lugar de Marruecos, lo redescubrí en otra lengua; no la mía, sino una lengua casi enemiga, la lengua de los ricos de Marruecos, el francés. No me gustaba esa lengua, pero gracias a ella entré nuevamente en el universo de Choukri y por segunda vez me reencontré con un niño de la calle, de pies desnudos; con el niño rifeño hambriento. Un niño que asiste, al principio de ese relato, a una escena alucinante: el padre que mata al hermano pequeño de Choukri estrangulándole. Violencia extrema. Violencia y sexo. Sexo y violencia. El escritor describía Marruecos sin contemplaciones, sin deseos de seducir, de pretender que guste. Contaba la realidad. Su realidad. Su autobiografía. En Marruecos, la mayoría de las personas recurre a la ficción, a la opinión general, para protegerse, para dar una buena imagen de sí mismos acorde con los dictados de la sociedad. Choukri, no. El decía “yo” con descaro; un “yo” desnudo, miserable, escandaloso y en árabe. Un “yo” que no quieren oír, un “yo” sometido al silencio durante mucho tiempo. Un “yo” que ha podido salir de la pobreza, reencontrarse en la cárcel con las palabras, con la escritura, y que, en vez de renegar del pasado, ha dedicado su esfuerzo a revelarlo a un Marruecos hipócrita en una lengua sagrada, la del Corán.

(…) Si tuviera que hablar de uno solo de los visitantes de Tánger sería sin duda de Paul Bowles. Descubrí su obra a través del cine, en la adaptación que hizo en 1990 Bernardo Bertolucci de su novela El cielo protector (John Malkovich y Debra Winger interpretaban a una pareja neoyorquina que llega a Tánger y descubre Marruecos poco a poco, hasta diluirse en él, volverse locos y morir). Más tarde, la lectura del libro supuso para mí un momento muy intenso. Fue Gertrude Stein quien animó a Bowles, un músico estadounidense que vivió durante veinte años en París, a conocer Tánger. En Memorias de un nómada, su autobiografía, publicada en 1972, describe lo que sintió la primera vez que llegó a la ciudad, en 1931: “Si digo que Tánger me atrapó como si fuera una ciudad de ensueño, hay que interpretar la expresión en su sentido literal. Su orografía llena de escenas típicamente oníricas: calles cubiertas como si fueran pasillos y, a cada lado, las puertas de las casas abiertas; terrazas escondidas que miran al mar, calles que parecen escaleras, callejones sombríos sin salida, pequeñas plazas edificadas sobre pendientes…, se podría decir que es el decorado de un teatro diseñado sin tener en cuenta las leyes de la perspectiva, con calles que salen en todas direcciones”. Este laberinto le hizo abandonar poco a poco la música para dedicarse cada vez más a la literatura. Este país de gente llena de vida, como a él le gustaba decir, será definitivamente el suyo a partir de los años cuarenta.

(…) Cuando Juan Goytisolo llegó a esta ciudad en los años setenta, lo que quería era aprender árabe. Pero enseguida comprendió que no era el lugar ideal porque aquí casi todo el mundo habla español. Para conseguir su proyecto tuvo que ir más al sur, a Marraquech concretamente, donde vive desde los ochenta (y habla árabe). Sin embargo, Tánger le impresionó tanto que situó allí su célebre novela Don Julián, que trata sobre el lento recorrido por las calles de la ciudad de un personaje anónimo a quien se identifica con don Julián, el conde español que en el siglo VIII traicionó a su país y lo entregó a las tropas árabes.

Antes de continuar con este deambular literario y tangerino me gustaría detenerme un instante y recordar algo extraordinario que hizo Juan Goytisolo a mediados de los noventa. Las autoridades de Marraquech tenían la intención de transformar la famosa plaza Yemaa el Fna, el corazón de Marruecos y de la cultura popular, en un supermercado y en un aparcamiento. Afortunadamente, Goytisolo, atónito ante la locura del proyecto, escribió un extenso artículo en la revista francesa Le Monde Diplomatique en el que resaltaba la enorme importancia que tiene para los marroquíes este mágico y único lugar del mundo. Con este motivo también creó una asociación para salvar la plaza. La movilización atrajo la atención de la Unesco, que se apresuró a declarar patrimonio de la humanidad la famosa plaza. Este gesto, que muestra el apego de Juan Goytisolo por las señas de identidad, es prácticamente desconocido en Marruecos, pero conocido por los escritores y los enamorados de la literatura que vienen con regularidad a Tánger a respirar su peculiar aire y encontrarse en el formidable y bonito Hafa, el único café literario del reino.

Hafa (acantilado, en árabe), un nombre sobre el que podrían construirse miles de sueños, como hizo Marcel Proust. Acordarse de todos los que han pasado por allí, desempolvarlo, reinventarlo, prestar atención a todas esas personas que viven en este lugar; los jóvenes de Marruecos, que no tienen futuro, que sueñan y matan el tiempo mirando a España, candidatos a la inmigración clandestina que están a punto de convertirse en los auténticos héroes de la literatura y del cine marroquí.

Hay otros nombres en Tánger que llaman la atención y que merecen un recuerdo en esta banalización galopante. El elegante hotel El Minzah, que a pesar de todo, conserva el espíritu de antaño. Les Colonnes, la mítica librería de la ciudad, que vive un nuevo e intenso período de esplendor gracias a su director, Simon-Pierre Hamelin, que acaba de crear la revista literaria Nejma, cuya ambición es “escribir, que se escriban palabras en la tierra, en Tánger (…); oír, que se escuchen las voces perdidas en los vientos de estos dos mares, las tenazas de una leyenda que deja sin aliento, realidad turbulenta y seductora”. El Zoco Chico, el Gran Teatro Cervantes, el hotel Ville de France, la sublime iglesia de San Andrés (construida en 1905) y su cementerio, el cine Mauritania, que el fotógrafo Yto Barrada acaba de reformar para convertirlo en filmoteca.

(…) Volver a Tánger y escribir un nuevo capítulo de su historia que hable sobre los barrios de gente sencilla, pobre y olvidada; sobre los rígidos islamistas que controlan la forma de pensar; sobre los señores de la droga que están por todas partes. Un gran capítulo, audaz, auténtico, que de buen grado titularía “Tánger, atrapado por la realidad”.

Volver a Tánger e imaginar que se parece a ese cuadro premonitorio de Francis Bacon, Paisaje cerca de Malabata (Tánger, 1963). Negra. Extraña. Amenazada por borrascas que parecen fantasmas. Iluminada por relámpagos. Un crisol del que saldrá un nuevo mundo, lejos, muy lejos del tópico orientalista y de la imagen pictórica.

Abdela Taia

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“100ml,diario de una vendedora” (4)

Septiembre 19, 2007 at 12:46 pm (por Oldri)

Hay una cola de gente esperando para que les cobremos que llega hasta el final de la tienda, “La Boluda” y Marimar cobran sin levantar la cabeza de la caja, Ada y la peluquera envuelven para regalo tan despacio que de vez en cuando Marimar resopla y deshace algun paquete para envolverlo ella.

Loli viene cargada con un rollo de papel de regalo le tiemblan los tacones al caminar y corro en su ayuda.

- ¿Quién sigue? . Grita “La Boluda”

Veo como al lado de la nueva jefa una mujer abre el precinto de una lata de Jean Paul Gaultier y corro hacia ella.- No se puede abrir. Le regaño y veo como de su bolso sale una flower by kenzo. ¡Dame lo que has robao! y la mujer me entrega los dos perfumes. ¿Llevas algo más?.

-Si, en el coño. Me dice mostrandome sus dientes negros y pienso en la posibilidad de que me de un mordisco y me infecte.

- Este maletin no tiene código. Oigo a la Boluda decirle a la nueva jefa que desde la otra punta de la tienda le dicta.

- siete, tres, ocho

- ¿cómo? . Dice “La Boluda” que no oye nada desde tan lejos.

Me voy derecha a la nueva jefa y mirándola con cara de “peroqueinútileres” le arrebato el maletín de las manos y se lo llevo a “La Boluda” a la caja para que pase la etiqueta por el lector.

La tienda está a tope y las niñas llevan seis horas seguidas cobrando sin parar, tienen caras de agotadas, observo a la nueva jefa que está en una esquina de la tienda pensando en sus cosas, mientras yo vigilo que no roben, atiendo, llevo bolsas a la caja y repongo género.

- Las niñas necesitan desconectar unos segundos, se están mareando, hagamos una ronda para que salgan a tomar café. Le digo a la nueva jefa.

- ¡Que flojas son!. Me contesta y me dan ganas de pegarle.

Al día siguiente llamo a la Coordinadora:

- Tengo que hablar contigo, no puedo más.

-Dime.

- Si tenemos un problema, “ella” no hace nada, solo dejarme recaditos y hacer cestitas, y todas , las chicas y yo vamos de culo y nos estamos quemando.

- Hablaré con ella. Era lo que me temía.

- No quiero crear un conflicto en la tienda y que haya mal ambiente, sé sutil por favor.

- Tranquila, no le diré que me lo has dicho tú.

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“100ml, diario de una vendedora” (3)

Septiembre 18, 2007 at 1:47 pm (por Oldri)

-Empezarás el lunes por la tarde , ¿te parece bien Ada?

- Si si muy bien .

Y la chica modosita salió timidamente de la tienda con una sonrisa dibujada en el rostro.

Estaba dispuesta a contratar también a la primera que viniera mientras no fuera una delincuente.

- Hola Soy Peluquera y me gustaría trabajar aquí, siempre me ha gustao el mundo de los perfumes y me encanta el maquillaje.

Voilà pensé , hay días que las cosas se van ordenando por si solas.

- ¿Peluquera? , pues vaya pelos cardaos me lleva… Me dijo Marimar sonriendo con su irónia caracteristica.

-No nos queda tiempo , entre la inútil haciendo cestitas que parece floristera y … enfin, probaremos … Suspiré profundamente.

Había mañanas que eran de locura, esta era una de ellas, salí de casa con el tiempo justo y los pies doloridos del día anterior, tenía uno de esos dolores de cabeza persistentes como una lluvia cansina y perniciosa,”La Boluda” me esperaba fregando el suelo con cara de sueño.

La secretaría del director del centro comercial entró a la tienda dejando un halo de “coco mademoiselle”.

- Buenos días guapis!!, vengo a avisaros de que hoy hay visita de los jefazos de Francia, vienen a visitar las instalaciones, no creo que entren a la tienda pero es para que esteis al tanto.

- Muchas gracias intentaremos ligarnos a uno de esos peces gordos pa que nos saquen de la ruina. Le respondí guiñando un ojo.

-Pasamos deprisa el plumero y nos ponemos a hacer pilas de maletines le sugerí a “La Boluda” , pero no nos dio tiempo, un repartidor con cara de malas pulgas me dice que tenemos un palé entero de cajas de bolsas y que claro no entra por la puerta que si lo deja fuera de la tienda, le digo que vienen los jefazos a visitar el centro y el hombre hace un gesto moviendo los hombros que traduzco en un “y a mi que”.

Y allí estamos cargando cajas que cada vez pesan más , cual butaneros , y entrándolas a la tienda.

- Joder esto no es normal, yo estoy operada de la espalda y no tengo porque hacer esto. Se queja “La Boluda” enfadada.

- Deja, ya lo haré yo. Y al ir a coger una caja me doy cuenta de que mi camisa de uniforme parece haber sufrido un accidente de trafico porque tiene huellas negras como de alquitrán.

Levanto el teléfono y hablo con la coordinadora.

- No nos caben las cajas en el almacén, ¿cómo haceis esto? ¿porqué no nos las mandais poco a poco ?

- No se puede vienen directamente de fabrica. Ah una cosa , quería hablar contigo, me han dicho que tienes un problema y me gustaría que me lo contaras.

¿Uno? pienso, tengo 3672727272 problemas y me sale una sonrisa de lao a lo stallone. Me detengo y pienso en ella diciéndome que solo quiere una amistad, y recuerdo su último beso , me pregunto ¿cómo se habrá enterado la coordinadora que después de dos años mi pareja me ha dejado?, no, no puede ser eso, no la veo yo con poderes paranormales a esta mujer.

- No sé  a qué te refieres .

- Bueno ya me lo contarás. Y cuelga el teléfono .

No he arreglado nada así que sigo cargando cajas y “La Boluda” me mira con cara de abatida mientras suelta la caja a mitad de camino para tomar aire.

Por la tarde llega “la jefa nueva” con dos trenzas y su poca sangre.

- ¿Qué tal la mañana chicas?

Levanto una ceja y le cuento lo de las cajas y ella me pregunta que si pude hacer los recados que me dejó anotados el día anterior. Cada día me deja una lista de asuntos que ella no ha resuelto para que los resuelva yo, le digo que si y que ya

hemos cogido a dos chicas. Se va para el almacén y se pone a pintarse las uñas. Miro a “La Boluda” y no necesitamos decirnos nada.

- Si me esperas te llevo a casa. Le digo a “La Boluda” que acaba de trabajar media hora antes que yo.

- Te lo agradezco estoy agotada. Y así en esta media hora voy al super y compro comida y no tendré que ir cargada en el bus.

- Es que no sé en que estaban pensando cuando la trajeron a la tienda, no hace nada, el otro día nos pusimos a montar el árbol de navidad en el escaparate y estuvo media hora dándole la vuelta al coso ese.

- ¿el coso ese?. Le pregunto bromeando.

- Al lazo que no me salía . contesta sonriendome.

- Yo no sé quién le ha ido con el cuento a la coordinadora de que no puedo más, de que hago su trabajo y el mío y estoy agobiá. le cuento.

- Pues solo puede haber sido Paz. Sentencia “La Boluda”.

Recuerdo la conversación con Paz en la cafetería con su superbarriga a punto de estallarle.

- ¿cómo te va todo? Estarás más tranquila sin la “Paris” ¿no?

- La verdad es que si, la nueva al menos no es una déspota, solo es una gandula.

- Bueno pero ya sabes como es trabajar aquí una navidad con “La Paris” ,supongo que ahora entiendes lo que he tenido que aguantar.

- si, desde luego el nombre te va que ni pintao, hay que tener un espíritu budista pa no mandar a la “Paris” a la mierda.

- Es insoportable si.

Paz había sido durante cinco años segunda encargada y “La Paris” descargaba a diario su furia sobre ella.

- Bueno con la nueva paciencia y si ves que no trabaja , llama a la coordinadora y díselo.

- Paso, nosotras haremos el trabajo y ella que siga haciendo cestitas y en su mundo.

Voy a salir de la rotonda y de repente siento un impacto tremendo en mi coche que me devuelve al presente.

- “Boludooooooooooooooooooooooo” !!! exclama “La Boluda”

Y me detengo en un lado y pongo las luces de avería, y el tío que se ha estrellao contra mi coche se me acerca.

- ¿Es que no miras por dónde vas? . Le digo furiosa.

- Yo tenía preferencia. Me contesta todo chulo.

Mi faro derecho parece como mordido . “No puedo con tanto”….

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“100ml,diario de una vendedora” (2)

Septiembre 17, 2007 at 12:00 pm (por Oldri)

Lo que para muchos se traduce en una semana de vacaciones, cenas familiares,y buenas acciones para nosotras era un maratón de horas inacabables, pies doloridos, estrés y mucho trabajo, en Navidad renunciabamos a nuestra vida y nos volvíamos vendedoras en cuerpo y alma, y lo peor de todo es que la Navidad empieza cuando acaba el verano.

Llegaban a la tienda cajas y cajas de género que teníamos que alarmar y guardar en estanterías para sacarlo a la venta cuando la empresa nos diera la señal, el pistoletazo de salida. “La Boluda” y yo tratábamos de hacer sitio en el rídiculo almacén de manera que las pilas de cajas de maletines con sombras y labiales rancios no nos cayeran encima cada vez que intentásemos ir al lavabo, siempre fuimos buenas jugando al Tetris.

De repente nos llamaban de oficinas para que contásemos las unidades que nos habían llegado de X fragancia o de cajas de bolsas ,por lo que teníamos que dejar lo que andábamos haciendo y retrasarnos. Apilábamos junto al escaparate estuches de “j’adore” o de “Agua Fresca de Rosas” o de “212 sexy” o de “Eau de Rochas” , cincuenta de cada mínimo, de manera que al final aquello se convertía en un dominó olfativo y había que ir con cuidado cada vez que pasábamos entre ellos para no tirar todas las pilas.

“La Boluda” y yo sudábamos de tal manera que a veces nos resultaba vergonzoso ponernos a vender recomendando un maquillaje absolutamente mate con la nariz llena de brillos y la “nueva jefa” rellenaba papeles o se escaqueaba de sacar y ordenar género montando cestitas con bombas de baño y esponjas cuyo precio no subiría más que unos euros la venta.

Teníamos también como compañeras a Loli y Marimar, Loli era una buena chica que obedecía mis sugerencias con una sonrisa y Marimar una mujer todo terreno que se remangaba y en cinco minutos dejaba el lavabo tan brillante como si lo hubieran limpiado entre siete, desde el momento en que vimos que la nueva jefa se dedicaba a hacer cestitas y esquivar labores de fuerza física fuimos conscientes de que la campaña navideña solo saldría adelante gracias al resto.

-¡ Mírala!. Me indicaba Marimar con cara de “quemalmecaelatíaesta”. Mientras me pasaba una pesada caja y yo la tiraba literalmente dentro del almacén. Nos quedabámos un segundo en pause observando la parsimonia con la que “la nueva jefa” colocaba y recolocaba un gel de baño de vainilla sobre un lecho de celofán y lanzábamos un resoplido Marimar y yo al unísono, sin ensayo previo.

Necesitabamos un par de chicas para que nos ayudasen a vigilar para que no robasen, a envolver para regalo, a aliviarnos un poco al fin y al cabo de la locura que se nos avecinaba.

Fui la encargada de realizar las entrevistas mientras la nueva jefa seguía haciendo cestitas.

La criba de curriculums la hice deprisa como todo lo que se hacía en esos días, hasta el pipi nos salía con tanta presión que parecía cava. A la papelera las menores de edad, los que iban sin foto, los que iban con foto fotocopiada en blanco y negro, las que tenían pinta de poligoneras, las que habían venido a entregar el curriculum con sus madres…

- Hola Buenos días, ¿ Sandra Espeiná ?

- Si, soy yo.

- Te llamo de la perfumería Stras, dejaste un curriculum el día 27 de Octubre y necesitamos apoyo para la campaña navideña, era por si estabas interesada en hacer la entrevista.

- Ah si

- ¿Te iría bien pasar por la tienda mañana por la mañana?

- Uy que va mañana tengo que ir a la peluquería.

- ¿Y por la tarde?

- Uy es que tengo que ir a la autoescuela.

“No puedo con tanto” ….

- Bueno muchas gracias igualmente.

Miré el siguiente curriculum y Marimar se acercó a observar la foto

- Esa tiene cara de garrula, pos no tiene pirsins ni ná…

- Puff es que no hay demasiadas opciones voy a probar. Le contesté cogiendo el auricular

“Buleríaaa Buleríaaaaa”

- ¡Dios! . Y colgué .

Levanto la vista y hay una chica mirandome con una sonrisa .

-¿ Eres Oldri?

- Si

- Tenía una entrevista a las once.

Salgo del mostrador y le digo que me acompañe al despacho almacén , temo que se asuste al ver tanta caja apilada pero parece que le apetece trabajar, la cojo en el acto, tiene buen aspecto y parece una chica modosita y formal, para que buscar más, ya solo me falta encontrar a una.

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“Mercurio entre los dedos”

Septiembre 16, 2007 at 2:09 pm (por Oldri)

La gitana que viste de negro se echa hacia delante en el banco de madera, una hormiga arrastra una cáscara de pipa y la aparta con el pie alejándola de su manjar. A ella también le ha costado mucho vivir, piensa mientras se coloca bien el pañuelo sobre su cabeza. Ve una silueta que se acerca, muy despacio, borrosa, una mujer triste, piensa. De repente mientras la gitana que viste de negro intenta enfocar la imagen, se levanta un aire que remueve las hojas secas y le llena los ojos de arena, un extraño malestar le sube por la espalda, parecido a un escalofrío, pero hace sol.

Paso por delante de una gitana que viste de negro, me mira fijamente con el cuerpo tenso, como si quisiera levantarse, aparto la mirada porque esa mujer con esos ojos tan velados, me asusta un poco.

Entro en un bar, suena una bachata, la camarera se disculpa porque se le ha derramado un poco el cortado en el plato al traérmelo a la mesa. Recuerdo sus ojos entornados, la prisa del deseo ascendiendo paralelo a su respiración,me viene su imagen,flashes de placer mientras veo la lluvia de azúcar caer en el café como una cortina que separa el pasado del ahora.La camarera canta: “Yo te amaré en la otra vida” su voz suena limpia y sentida y se mezcla con el tintineo de los vasos que se visten de espuma entre sus manos. Me siento transportada a un país tropical, hasta el café tiene un toque afrutado.Un poco más de azúcar…Dormía a mi lado, el antebrazo sobre los ojos para evitar la luz, su sola presencia me resultaba un problema para conciliar el sueño, la imaginación me jugaba una mala pasada y me costaba darle un ritmo regular a mi respiración, aquello iba más allá de un deseo incontrolable, soñaba el calor de su cuerpo acercándose y como el aire de su aliento empujaba mi nombre como un ejército de hormigas que ascendía con el vibrato de sus labios por mi cuello, sus manos llevándome hacia ella desde mi cintura, su pie tirando de mis piernas arrastrándome sin palabras. Conocía su olor de otras noches, aroma a tarde de verano, a pan recién horneado, a mandarina, a ropa que se mece en azoteas, a ilusión. Nunca me besaba, salvar esa distancia suponía para ella un riesgo, acaso una certeza, sería cruzar un puente que iría deshaciéndose a su paso, un camino sin vuelta atrás, para mi esa muestra de cercanía total era la puerta que debíamos cruzar para que mi sueño fuera posible.Pero nuestros sueños eran dos fieras atadas por la cintura y cada una tiraba descompasadamente en una dirección.Abrazarla era salvarme, no sentía esa sensación de paz absoluta de ninguna otra manera, su abrazo era lo más parecido a una larga siesta, la siesta de mis miedos.Ella evitaba cualquier contacto físico conmigo, se recogía en el extremo del colchón, su cuerpo bien envuelto en la ropa de cama, yo era egoísta y buscaba entre los pliegues de las sábanas su piel, igual que un preso busca entre las sombras de los barrotes un trozo de azul.Azúcar que se vuelve una isla sobre la espuma y gira y cae como una voltereta dulce hacia delante.-¿Cerráis al mediodía? Pregunto a la camarera. -No, tranquila puedes estar aquí el tiempo que quieras, aquí lo único que se cierra son mis ojos que esta noche no he dormido. Saca una sonrisa que parece sincera y me detengo en sus ojeras.-Entonces tomaré otro cortado, gracias. Añado sonriendo también.Tras dejar el cortado sobre la mesa esforzándose por que no se derrame, se sienta en una mesa y apoya la cabeza en su mano, intento adivinar su edad, de espaldas es difícil, me faltó tiempo para analizar el contorno de sus ojos, de sus labios. Tiene una pequeña verruga detrás de la oreja, imagino el índice de su amante acariciándola con ternura mientras le sonríe. Yo también me enamoré de sus pequeños detalles que la hacen diferente.

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“100ml, diario de una vendedora”

Septiembre 15, 2007 at 1:30 pm (por Oldri)

“La Boluda” llegó a hacer la entrevista a la perfumería y mi jefa “París Hilton 2 ” la entrevistó frotándose las manos como un hamster, le brillaba su Osazo Tous colgado del cuello, y sonreía tanto que el hoyuelo de su mejilla,del tamaño de un alfiler, se oscureció. “La Boluda” había trabajado en Argentina vendiendo perfumes y en marcas de alta cosmética y si vendía tanto como decía, “La Paris” cobraría unas comisiones importantes gracias a ella.Lo que nunca imaginó “La Paris” es que “La Boluda” y yo formaríamos un tandem perfecto, aunque ella se empeñase en ponernos en contra constantemente con comentarios hirientes.,

Un día “La Paris” nos reunió en su despacho a las dos.

- Paz y yo estamos embarazadas, vais a hacer nuestra suplencia, Oldri, serás la primera encargada y “Boluda” harás la suplencia de Paz y serás segunda encargada, así que os enseñaré todo lo que sé.

Durante cuatro meses hicimos el trabajo de ellas , mientras “La Paris” se preocupaba de no engordar ni un solo gramo, evitando comer entre horas y alimentando a su futuro bebé de ensaladas y yogurts. También le gustaba irse a comprar a las tiendas de la galería del centro comercial y volver cargada de bolsas cual Sara Jessica Parker en “sexo en Nueva York”,nos enseñaba las ecografías de su hijo mientras nosotras andábamos devanándonos los sesos con el cuadre de  los horarios y a la vez seguíamos haciendo nuestras tareas de vendedoras, sacar género y colocarlo,tirar la basura ir al banco, de repente “la Boluda” y yo éramos dos que nos habíamos convertido en cuatro.

Las broncas no cesaban “La Paris” buscaba cualquier excusa para humillarnos a la una delante de la otra y constantemente me decía a solas que no bajase la guardia que “la Boluda” podía pasar a ser primera encargada en cualquier momento si ella me veía que decaía en mis tareas. Nunca se detuvo a preguntarme si yo quería ese puesto, de haberlo hecho le habría sorprendido mi rotunda negativa, pero yo necesitaba demostrarle más por orgullo que por ambición que era válida y que podía hacerlo mejor que ella.

Pasaron seis meses y todo seguía igual, datos y más datos, tareas y más tareas y la sombra de “la Boluda” planeando peligrosamente sobre mi puesto. Pero la vida es una ironía en mayúsculas…

Un día se presentó en la tienda la supervisora, nos reunió a “La Paris” “La Boluda” y a mi en el almacén que hacía las veces de despacho en la tienda, un estrecho pasillo saturado de cajas, y nos quitó galones.

- Teneis que quedaros de responsables de la tienda en una época muy dura “La Navidad” y no creo que esteis preparadas para ello, me da mucho miedo, así que “La Paris” y yo hemos decidido que traeremos una primera encargada de otra tienda.

De repente yo bajaba a segunda encargada y “La Boluda” se quedaba de vendedora, me sabía peor por ella que por mi,seis meses de trabajo duro para seguir siendo lo que era, seis meses sin cobrar por sus funciones. La miré y ella habló:

- Yo solo quiero decirles que seguiré trabajando al mismo ritmo y que ayudaré en todo, como hasta ahora.

“La Paris” cogió la baja sin bajarse de sus tacones de aguja por un lumbago incipiente, estuvo esperando a que Paz la cogiera antes para no quedar por debajo, era asi de …

La nueva jefa llegó a  la tienda , era una niña de veinticuatro años, yo tenía ya mis 36 avanzados, tenía una de esas caras de exgordita y era tan tranquila que parecía estar siempre recién levantada.

- En navidad siempre perdemos al menos cinco kilos aquí . comenté un día delante de ella y “la Boluda” .

- ¿Si?. Me miró ella con escepticismo.

Pronto descubrimos el porqué de su respuesta.

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