¡Vamos, no te preocupes! en pleno siglo XXl todo el mundo va al psicólogo, no seas tan cerrado de mente, ¡claro que no estás loco!, te pasan cosas raras, pero como a todo el mundo, ¡joder qué calor hace!, ¡vamos cálmate! ¿Cómo te van a encerrar en un manicomio? , una tila, eso es, o mejor aparco aquí y me tomo un par de copas, sino el señor Freud no me va a sacar ni una palabra, me jode tener que contarle mi vida a un completo desconocido, seguro que pensará que soy un pervertido y se lo contará a sus amigos, mientras beben güisqui del caro en el reservado de una sala VIP, acompañados por sus putitas de lujo vestidas de Chanel. ¡Ya estoy desvariando! Nada más verme la cara tocará un timbre oculto bajo su escritorio e irrumpirán en la consulta dos gorilas portando una camisa de fuerza, luego me aplicarán electroshock y finalmente una lobotomía, ¡Serás capullo tío! ¿No ves que tienes un Stop? ¡A tomar por culo vete tú!, yo no se como les dan el carné…Giró a la derecha, tras aparcar revisó la dirección en una tarjeta. ¡No estás loco! ¡No estás loco! Repetía mentalmente mientras avanzaba por el pasillo camino de la sala de espera. Se sentó al lado de un anciano que miraba fijamente el reloj de pared, ni siquiera parpadeó cuando pasó por delante, movía el pie al ritmo del segundero y entre dientes contaba: uno, doj, trej, cuatro, cinco, sais, siete, osho, nueve, diej…¡Este si está mal! Pensó y se le escapó una sonrisa. Había también una madre con un hijo de unos siete años, el niño corría por la salita, gritaba, tiraba las revistas al suelo, la madre le miró resignada: - ¡Es que es imperativo, no para, yo ya no sé que hacer!, así está to el día- Y el psicólogo ¿es también psicólogo infantil? Preguntó desorientado Marc.- No, si yo vengo pa mi, a ver si me receta algo pa los nervios. Le contestó la mujer mordiéndose las uñas. Cincuenta y osho, cincuenta y nueve, sesenta, uno, doj, trej, cuatro, cinco, sais… ¡Marc Moreno!. Le llamaron por el altavoz y dejó la revista encima de su sillón y entró en la consulta del psicólogo. ¡Como se nota que cobran bien los mamones! ¡Todos los muebles de diseño! Un hombre alto y fornido, vestido con chándal y luciendo un bronceado de rayos UVA le sonreía desde detrás de una mesa.¡Este será un paciente que se ha colao! Pensó Marc. ¡Que poca seriedad!-Siéntese por favor, Soy el doctor Gonsalves . Dijo arrastrando las eses y le extendió la mano.- Hola. Dijo Marc estrechándola.- Bueno, habláme de vos, contáme lo que quiera, este…yo ya iré tomando nota. Dijo brindándole una ancha sonrisa a lo galán de cine. Yo habitaba uno de esos edificios de quince plantas, con siete pisos por rellano, a muchos de mis vecinos nunca los conocí, a veces, me topaba en el ascensor con algún tipo de aspecto siniestro, tatuado hasta las cejas, entonces y sin poder evitarlo mi imaginación me jugaba malas pasadas, era un psicópata que subía a violar a la chica del tercero cuarta, tras haber asesinado en el parking al presidente de la comunidad y a la señora Concha ,que siempre estaba metida en to los fregaos, con una escopeta de cañones recortados. Lo absurdo de la historia me hacía reírme, pero luego las dudas me atormentaban y corría escaleras abajo como un detective en plena forma física. Fue esa facilidad para crear historias lo que me animó a presentar unos cuentos cortos a la revista “Blood”, les gustaron y trabajaba con ellos, pero el sueldo era precario así que decidí buscar otro trabajo para llevar una vida más cómoda. Un amigo me dijo que necesitaban camareros en un bar de copas, en el Eixample, yo nunca había trabajado de camarero, pero Rita me ayudó bastante y pronto cogí soltura. Rita Bonair era un travestí, todo un personaje con aquellos vestidos de lycra rojos y ese vello negro y duro que se empeñaba en traicionarle, su economía tampoco iba viento en popa, se notaba en el mate de sus pelucas ásperas, en su maquillaje naranja, en sus pestañas postizas que parecían arañas de alambre, a pesar de estos detalles Rita tenía clase, era el alma del bar, por verla y oírla cantar venían desde todos los rincones de Barcelona. El primer día que la vi, se me acercó balanceándose exageradamente como si estuviera ebria , echó hacia atrás su boa de plumas y con una voz grave pero no grotesca me preguntó: - ¿Y tú guapo, entiendes?- ¿Que si entiendo qué? le contesté intrigado.- ¡Tenemos un novatillo chicos! Gritó a los clientes, y se giró hacia mí de nuevo. - ¿Qué si eres gay monada? Nunca me había sentido tan imbécil, me ardía la cara, todo el bar mirándome esperando mi respuesta.- No lo sé. Contesté sinceramente.- Entonces lo descubriremos. Me dijo apoyándose en mi hombro y pinchándome en la cara con su peluca de corte egipcio. A la semana de trabajar allí empecé a sentirme como en casa, se me rompieron los topicazos, allí había chicos que parecían leñadores, mujeres femeninas, no era tan diferente a cualquier otro bar heterosexual, servía las copas con rapidez y ya empezaba a saber los nombres de los clientes asiduos, Rita cogió la baja y empezó a venir menos gente, así que tenía tiempo para charlar con los clientes, fue entonces cuando conocí a Raúl. No era guapo, pero tenía algo, se me acercó tímidamente y me preguntó por Rita, un velo de desilusión me cruzó la mirada al pensar que tal vez sería una de sus múltiples conquistas, él lo notó y me dijo que Rita solo era una buena amiga, que no era su tipo. Raúl y yo empezamos a quedar fuera de allí, venía a buscarme cada noche y nos amanecía charlando en la playa, por más tiempo que pasara a su lado nunca me aburría, cada vez necesitaba más su presencia, sin a penas darnos cuenta las citas fueron encadenándose hasta que prácticamente estábamos siempre juntos. Una noche pedí fiesta en el bar y le llamé para que viniera a casa, le obsequié con una cena sorpresa, estaba emocionado, me dijo que no estaba acostumbrado a que nadie le tratara tan bien. Entre copa y copa se nos fueron soltando las caricias hasta que acabamos en la cama. A los tres días se instaló en mi apartamento, le aseguro, que nunca había visto tantas maletas juntas…bueno, excepto en un aeropuerto. Era encantador, se interesaba por mi de una manera meticulosa, sabía en poco tiempo todo de mi, conocía a mis amigos, a mi familia, compartía con él mis miedos, mis cubiertos, hasta mi ropa interior, él sin embargo solo me dejaba conocer pequeñas cosas, nunca me habló de sus padres, ni de su infancia, nunca hacia referencia a su pasado, era como si su vida hubiera empezado el mismo día que me conoció. Al principio su actitud no me molestó, ese misterio me parecía incluso romántico, pero después…Tanto misterio llegó a obsesionarme, él desaparecía durante noches enteras, mientras yo esperaba en la puerta del bar, la persiana bajada, con la esperanza de verlo aparecer caminando con las manos en los bolsillos y sonriendo, pero eso no sucedía y yo volvía a casa solo y rabioso, me asaltaban los celos, lo imaginaba besándose con otros, o contándole su vida a cualquiera alargando al máximo la última copa. Pensé en seguirle pero me frenó la idea de que pudiera descubrirme y descubrir mi desconfianza, no me atrevía a preguntarle nada, en parte no quería saber, tenía miedo. Me refugié en el alcohol y me cambió el carácter, todo de él me molestaba, hacer el amor para mi se convirtió en un acto de violencia, él no me reprochaba la ausencia de mis besos y mis caricias, pero se mostraba frío y deseoso de acabar, de repente parecíamos dos extraños, no había dialogo, nos bastaba escuchar, mientras comíamos, las conversaciones de los vecinos o la televisión. Decidí recurrir a Esmeralda. Su nombre espiritual era Zoraida, era de piel cetrina y cabellos ensortijados y me dijo que ese nombre le daba un toque étnico “y lo étnico vende” subrayaba abriendo mucho los ojos maquillados en exceso con lápiz verde. Pero Esmeralda era de un pueblecito de Albacete, igual que mi madre, su hermana. Fui a su casa, recorrí el estrecho pasillo interminable que llevaba al comedor, ella caminaba delante y me fijé en sus piernas varicosas, en sus tobillos anchos y en sus zapatillas de felpa que no le hacían juego con su kaftan azul cielo. La sala estaba a media luz, una vela chisporroteaba sobre una mesa camilla, la imagen de un cristo con el corazón entre las manos quedaba iluminado dándole un toque algo gore a la escena.-Contigo pa que aparentar. Dijo sonriendo y sopló la vela y apretó el interruptor de la luz. Nunca había visto esa habitación iluminada, o ya no la recordaba, cualquier vestigio de magia despareció, la televisión estaba cubierta por un enorme tapete de ganchillo fucsia, la librería no hacía honor a su nombre, marcos de fotografías se apretaban unos a otros , recordaba aquellos juegos hechos con fichas de dominó que una cae y empuja a las demás, preferí no hacer la prueba, en una de las fotos se me veía jurando bandera en San Fernando, en otra mi madre y mi padre vestidos horribles, con pantalones de pata ancha y camisas de colores molestos, y unos peinados…El cuadro de la cacería de ciervos si lo reconocí, hay imágenes que no pueden olvidarse jamás. Mi tía me sirvió una cerveza en un vaso de los que eran de la nocilla, la etiqueta aun estaba medio adherida al cristal, se sentó frente a mí y barajó las cartas cerrando los ojos. Encendí un cigarro y le ofrecí otro a ella le quedó colgando del labio, eso si parecía magia. Carraspeó un par de veces y empezó a descubrir las cartas, la primera en salir fue la de los enamorados, la siguiente la torre, y mi tía abrió muchos los ojos, asustada, la siguiente fue la muerte y mi tía soltó un grito. Me quedé mirándola tenso, y debió ver mi cara de pánico y soltó una carcajada.- ¡Que tonto eres Marquitos! , te engañé. Me aclaró entre risas.- ¡No cambiarás tita! Dije riéndome con ella. Esmeralda se recompuso del ataque de risa y barajó de nuevo las cartas y las fue colocando sobre la mesa.- Ya tenemos las cartas para arriba, ¿has visto alguna vez una tortuga panza arriba?, así estas tú, ¡veo a un hombre! Y no te me pongas nervioso Marquitos hijo, desde siempre he sabido que a ti te tiran los hombres. Me guiñó un ojo y prosiguió. ¡Si, es tu hombre, eso sale muy claro!, pero… Se detuvo y me miró bajando la voz como si no estuviéramos solos en la casa. Pero también veo a una mujer, los dos están tan abrazados que se confunden sus cuerpos, esta mujer es la que te trae la pena, porque él te quiere a ti, pero la necesita a ella, ¡y ahora escucha bien!, recalcó echándose hacia adelante en la silla de anea, los verás pronto juntos, pero no los busques, el destino se encargará de todo. Guardó las cartas en una cajita de metacrilato y me acarició la cara. Insistió en que me quedase a comer con ella había hecho Pisto, ¡yo estaba como para comer! , me dijo que estaba muy delgado, que no hiciera tonterías con la comida, y me endosó un tupper con albóndigas y otro con croquetas caseras, se despidió de mí con dos besos sonoros y me hizo prometerle que iría a visitarla más a menudo. En casa me sentía como un animal al que han encerrado en una jaula muy pequeña, daba vueltas por las habitaciones sin saber que hacer ¡Raúl estaba con una mujer!, “él te quiere a ti, pero la necesita a ella”, a ella, a ella, a ella…Me pasé el día bebiendo. Durante una semana no pisé la calle, me enfadé varias veces con Raúl, reconozco que buscaba cualquier excusa para ponerme como un energúmeno, él aguantaba cada ataque estoicamente, al final acabé con su paciencia , un día cuando volvía de entregar un cuento a la editorial, comprobé que se había marchado. Las perchas aún se balanceaban en la barra del armario, y podía oler aún su perfume, dulce…No sé cuantos días estuve sin salir, sin hablar con nadie, bebiendo, durmiendo, decidí pasar por el bar para pedir la cuenta, pero sobre todo para saber si alguien había visto a Raúl. Todo estaba igual. La misma gente sentada en la barra, mi delantal colgado de una percha junto a la puerta del despacho, mi jefe se preocupó al verme, había adelgazado y no tenía muy buen aspecto, ni rastro de Raúl. Me senté del otro lado esta vez y entre copas bromeé con mis amigos, mi jefe anunció la actuación de Rita Bonair y mi cuerpo me mostró su nerviosismo con una sucesión de taquicardias, un sudor frío me recorrió la espalda y me giré a mirarla, ella estaba ahí, su cuello y su barbilla ocultos por una boa inmensa de plumas negras, sonaron los acordes primeros de “la vie en rose”, deslicé mi mirada por esos hombros sobre los que descansaban los tirantes de un vestido de seda negra, por aquellas medias con costura en el centro, por aquellos labios tapados con carmín que tantas veces había besado en completa desnudez…Alzó la mirada y me vio frente a él, una lágrima le recorrió la cara surcándole el maquillaje y comenzó a temblarle la voz hasta que ya solo sonó la música, salió corriendo y yo tras él, estábamos en el despacho y no se atrevía a mirarme a los ojos, me acerqué y levanté su barbilla despacio para besarle. - ¿Qué opina doctor? ¿Estoy loco? ¿soy un bicho raro?..yo, le quiero. El Doctor Gonsalves entornó los ojos, reflexionaba.- Con razón me sonaba usted… yo iba al “Party” los viernes por la noche… la música me encanta, bueno y Rita lo hace de lujo…y que voz… Este vos no preocuparos, mire como decía Balzac “El amor es la poesía de los sentidos”, siga escribiendo versos cada día, disfrute. ¡Ya sabía yo que no estaba loco! ¡Seré tonto!, joder que tarde es, quedé en pasar a buscar a Esmeralda a las siete, a ver que le parece Raúl, ¡le gustará! ¿Y si no le gusta? Sacó sus llaves del bolsillo del tejano y entró al coche, se ajustó el cinturón de seguridad y buscó un cd en la guantera, el reproductor lo tragó despacio y comenzaron a sonar las primeras notas de “la vie en rose”, mientras Marc tarareaba la canción giró todo el volante para salir del aparcamiento.
Des yeux qui font baisser les miens
Un rire qui se perd sur sa bouche
Voilà le portrait sans retouches
De l’homme auquel j’appartiens
Quand il me prend dans ses bras
Il me parle tout bas
Je vois la vie en rose
Il me dit des mots d’amourDes mots de tous les joursEt ça m’fait quelque choseIl est entré dans Mon coeurUne part de BonheurDont je connais la cause
C’est lui pour moi, moi pour lui, dans la vie
Il me l’a dit, l’a juré, pour la vie
Et dès que je l’aperçoisAlors je sens dans moi,Mon coeur qui batDes nuits d’amour à plus finirUn grand bonheur qui prend sa place
Les ennuis, les chagrins s’effacent
Heureux, heureux à en mourir
Quand il me prend dans ses bras
Il me parle tout bas
Je vois la vie en rose
Il me dit des mots d’amourDes mots de tous les joursEt ça m’fait quelque choseIl est entré dans mon coeurUne part de bonheurDont je connais la causeC’est toi pour moi, moi pour toi, dans la vie
Tu me l’as dit, l’as juré, pour la vie
Et dès que je t’aperçoisAlors je sens dans moiMon coeur qui bat.