Middlesex, Jeffrey Eugenides

Noviembre 29, 2007 at 4:18 pm (Por Watari, Relatos)

Watari

Cal Stephanides es agregado cultural en la embajada de los Estados Unidos en Berlín. Cal, como Tiresias, ha vivido como mujer y como hombre ya que nació hermafrodita, aunque esa revelación no la tuvo hasta los 14 años. Pero no sólo nos cuenta la historia de Cal, sino que la utiliza como hilo conductor para desgranar “un caleidoscopio de historias que abarca ocho décadas en la historia de una familia, que va de Asia Menor a Detroit y a Berlín”
Middelsex
Segunda novela de Jeffrey Eugenides, autor de “Las vírgenes suicidas”, novela llevada a la gran pantalla en el 2000 por Sofia Coppola. Autor de estilo impecable que, al principio pausadamente y luego más rápidamente, desgrana la historia que tiene entre manos sin tener momentos bajos ni partes innecesarias. Las 673 páginas de la edición que me prestaron se me hicieron cortas, sinceramente. Os la recomiendo con toda sinceridad, me hizo disfrutar plenamente del placer de la lectura.

Permalink 1 comentario

Brida, Paulo Coelho

Noviembre 1, 2007 at 3:00 pm (Por Watari, Relatos)

Watari

En este libro, Paulo Coelho nos narra la búsqueda del Don de Brida O’Fem.
Ella le contó paso a paso, el camino que había tenido que recorrer. Él le pregunto, si algún día podría hacer un libro con su historia…
Lectura fácil, en la dinámica habitual de Paulo Coelho. Si eres una/o de sus incondicionales seguramente o ya lo habrás leido o te encantará, si lo descubres por primera vez quizás no sea la mejor opción. Ahora bien, te abre a todo un mundo de posibilidades relacionadas con una magia muy distinta a la que comenté en mi anterior post, ahora hablamos de la magia que une a las personas con la tierra en la que moran.

Permalink 1 comentario

Carter engaña al diablo, Glen David Gold

Noviembre 1, 2007 at 2:53 pm (Por Watari, Relatos)

Watari
Me estaba quedando atrasada en cuanto a las lecturas, así que hoy aprovecho y os pongo al día :D
La sinopsis argumental deja muy clara cual será la línia argumental del libro:
“En los años veinte, Estados Unidos era un pais obsesionado con la magia. No solo la que se exhibía en los teatros y escenariios, sino también la magis de la tecnología, la ciencia y la properidad. Las habilidades del ilusionista Charles Carter, superaban incluso a las del gran Houdini. Impulsado por su pasión por la magia, que nacía de su desesperación y soledad, Carter se había convertido en una auténtica leyenda viva. Pero carter no está preparado para el número más sorprendente de todos: el que iba a hacer con el mismísimo presidente de los Estados Unidos, Warren Harding. Por que, poco después de protagonizarlo, el presidente fallece y Carter se ve envuelto en una intriga de Estado de altos vuelos que amenaza con destruir una reputación ganada a pulso.”

Carter engaña al diablo
Su lectura no marcará ni un antes ni un después en vuestras vidas, pero es entretenida. Hay tanto peñazo editado que vale la pena leer alguna cosa que te entretenga mientras te introduce en un mundo como es el de la magia (ilusionismo). A través de la visión del propio protagonista (aunque relatado en tercera persona) nos movemos por los Estados Unidos en diferentes momentos y épocas viendo como evolucionaron las cosas. También incluye alguna que otra historia amorosa (por si os gusta u os disgusta eso). Si os decidís ya direis algo.

Permalink Dejar un comentario

El niño con el pijama de rayas, John Boyne

Noviembre 1, 2007 at 2:45 pm (Por Watari, Relatos)

Watari
Cuando ojee la sinopsis argumental del libro me hallé con esto:
“Estimado lector, estimada lectora:
Aunque el uso habitual de un texto como éste es describir las características de la obra, por una vez nos tomaremos la libertad de hacer una excepción a la norma establecida. No sólo porque el libro que tienes en tus manos es muy difícil de definir, sino porque estamos convencidos de que explicar su contenido estropearía la experiencia de la lectura. Creemos que es importante empezar esta novela sin saber de qué trata.
No obstante, si decides embarcarte en la aventura, debes saber que acompañarás a Bruno, un niño de nueve años, cuando se muda con su familia a una casa junto a una cerca. Cercas como ésa existen en muchos sitios del mundo, sólo deseamos que no te encuentres nunca con una. Por último, cabe aclarar que este libro no es sólo para adultos; también lo pueden leer, y sería recomendable que lo hicieran, niños a partir de los trece años de edad.
El editor.”

LIBROS - EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS

Mi curiosidad fue grande, pero no me compré el libro. Estuve algún tiempo intentando conseguirlo por otros medios hasta que, finalmente, volví a tenerlo entre mis manos y lo compré. Fue un sábado, en dos solas sesiones concluí su lectura, me resultó tan apasionante que olvidé mi parada de tren y bajé tres estaciones después de la que me correspondía (llegué tarde al trabajo).
Lo recomiendo, no diré nada sobre su argumento aunque lo he visto en alguna página web, no diré nada sobre lo que me hizo sentir ni porqué me enganchó como lo hizo, sólo os dejo esta pequeña perla para que quién tenga oportunidad la deguste.

 

Permalink Dejar un comentario

La sombra del viento

Septiembre 11, 2007 at 2:10 pm (Por Watari, Relatos)

watari
“Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido.”

Así empieza La sombra del vientoLa sombra del viento, el último libro que he leido y que he querido reseñar aquí. Sinceramente, la gente que lo había leído me habían comentado que les había gustado mucho, pero nunca pensé que iba a impresionarme tanto esta historia de misterio ambientada en la Barcelona de mitad del siglo XX. Es una historia de personas, personas que aman los libros. Os la recomiendo de todo corazón. No sale ningún zombie, al menos ninguno que se defina como tal, así que si mis anteriores recomendaciones os dejaron mal sabor de boca no os dejeis engañar: este libro es uno de esos libros que dejan huella. ¡Qué lo disfruteis!

Permalink 9 comentarios

Alicia en el País de las Maravillas

Agosto 17, 2007 at 6:41 pm (Por Watari, Relatos)

Watari 
“(…) Y es que, como veis, a Alicia le habían pasado tantas cosas extraordinarias aquel día que había empezado a pensar que casi nada era en realidad imposible (…) “

Permalink 3 comentarios

El ángel más tonto del mundo, Christopher Moore

Julio 3, 2007 at 10:23 pm (Por Watari, Relatos)


Sinopsis argumental: Falta una semana para Navidad, pero no todo el mundo es feliz en el pueblecito de Pine Cove (California). El pequeño Joshua Baker necesita con urgencia un milagro navideño. Y no es que esté moribundo, ni que su perro se haya escapado de casa: es que Josh ha visto cómo a Santa Claus le abrían la cabeza con una pala. Ahora sólo anhela una cosa: que el viejo barbudo regrese de entre los muertos. Lo que no puede imaginar es que alguien esté escuchando sus plegarias… Aunque no destaque por ser, precisamente, el más listo de los ángeles”.

 Pues si, me lo compré porque quería reirme… y lo he hecho. Se lee con mucha facilidad, para pasar el rato. Mi mayor sorpresa cuando empiezan a aparecer zombies, así que retomo (ya que nadie me ha ilustrado sobre el tema) el post sobre lo que pueden o no hacer los zombies: aún no sé si pueden nadar o no, pero pueden disparar pistolas, organizarse, escoger un pino a modo de ariete… seguiré informando desde el centro de operaciones antizombies.

Permalink 10 comentarios

La caja de los sueños

Junio 11, 2007 at 10:12 pm (Relatos)

En Japón es tradición regalar una caja de madera que se llama la caja de los sueños, allí uno a uno vas metiendo tus deseos escritos en un pergamino, envueltos sobre si mismos, se superponen emociones, de tal manera que se crea una magia de suspiros, risas y afirmaciones y a veces la caja emana luz.

Cuando el soñador muere, sus hijos abren la caja e intentan cumplir los sueños de sus amados padres.

No habrá nadie después de mí para tocar tus labios, nadie para escuchar tu voz, para buscar en el reflejo de tu mirada las respuestas que flotan y resbalan con peso de sal ¿quién sabrá que quise besarte? ¿A dónde irán a ocultarse las nubes lenticulares?

Amaneceres encarnados pasaran como fotogramas acelerados, como un nervioso parpadeo, y nadie sabrá seguir con este sueño nuevo de puntos suspensivos…

Permalink 2 comentarios

Esperar…

Junio 4, 2007 at 1:47 am (Relatos)

Una bella princesa estaba buscando consorte. Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes con maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos… Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riquezas que el amor y la perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:

-Princesa, te he amado toda la vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo la ventana, sin más alimento que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esa será mi dote.La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:

-Tendrás la oportunidad: si pasas esa prueba, me desposarás.Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció afuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve, las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento.

De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir esbelta figura de la princesa, que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear de festejos.

Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo comarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar donde había permanecido casi los cien días.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:- ¿QUÉ TE OCURRIÓ? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?

Con una profunda consternación y lágrimas mal disimuladas, el plebeyo contestó con voz alta:

- La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora… No merecía mi amor…

*Historia que se cuenta en la película “Cinema Paradiso”.  . 

Permalink 7 comentarios

Mi vida con la ola (Octavio Paz)

Junio 2, 2007 at 1:55 am (Relatos)

Cuando deje aquel mar, una ola se adelanto entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenian por el vestido flotante, se colgo de mi brazo y se fue conmigo saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras. Además, las miradas colericas de las mayores me paralizaron.

Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me miro seria: “Su decisión estaba tomada. No podia volver.” Intente dulzura, dureza, ironía. Ella lloro, grito, acaricio, amenazo. Tuve que pedirle perdón. Al día siguiente empezaron mis penas. Cómo subir al tren sin que nos vieran el conductor, los pasajeros, la policia? Es cierto que los reglamentos no dicen nada respecto al transporte de olas en los ferrocarriles, pero esa misma reserva era un indicio de la severidad con que se juzgaría nuestro acto.

Tras de mucho cavilar me presente en la estación una hora antes de la salida, ocupé mi asiento y, cuando nadie me veía, vacié el depósito de agua para los pasajeros; luego, cuidadosamente, vertí en él a mi amiga.

El primer incidente surgió cuando los niños de un matrimonio vecino declararon su ruidosa sed. Les salí al paso y les prometí refrescos y limonadas. Estaban a punto de aceptar cuando se acerco otra sedienta. Quise invitarla también, pero la mirada de su acompañante me detuvo. La señora tomo un vasito de papel, se acerco al depósito y abrio la llave . Apenas estaba a medio llenar el vaso cuando me interpuse de un salto entre ella y mi amiga. La señora me miro con asombro. Mientras pedía disculpas, uno de los niños volvio abrir el depósito. Lo cerré con violencia.

La señora se llevo el vaso a los labios: -Ay el agua esta salada. El niño le hizo eco. Varios pasajeros se levantaron. El marido llamo al Conductor: -Este individuo echo sal al agua. El Conductor llamo al Inspector: -Conque usted echo substancias en el agua? El Inspector llamo al Policia en turno: -Conque usted echo veneno al agua? El Policia en turno llamo al Capitan: – Conque usted es el envenenador? El Capitán llamo a tres agentes. Los agentes me llevaron a un vagón solitario, entre las miradas y los cuchicheos de los pasajeros. En la primera estacion me bajaron y a empujones me arrastraron a la cárcel. Durante dias no se me hablo, excepto durante los largos interrogatorios. Cuando contaba mi caso nadie me creia, ni siquiera el carcelero, que movia la cabeza, diciendo: “El asunto es grave, verdaderamente grave. No había querido envenenar a unos niños?” Una tarde me llevaron ante el Procurador. -Su asunto es difícil -repitió-. Voy a consignarlo al Juez Penal. Así paso un año. Al fin me juzgaron. Como no hubo víctimas, mi condena fue ligera. Al poco tiempo, llego el dia de la libertad. El Jefe de la Prisión me llamo: -Bueno, ya esta libre. Tuvo suerte. Gracias a que no hubo desgracias. Pero que no se vuelva a repetir, por que la proxima le costara caro… Y me miro con la misma mirada seria con que todos me veian.

Esa misma tarde tome el tren y luego de unas horas de viaje incómodo llegue a México. Tome un taxi y me dirigí a casa. Al llegar a la puerta de mi departamento oí risas y cantos. Sentí un dolor en el pecho, como el golpe de la ola de la sorpresa cuando la sorpresa nos golpea en pleno pecho: mi amiga estaba alli, cantando y riendo como siempre. -Cómo regresaste? -Muy fácil: en el tren. Alguien, después de cerciorarse de que sólo era agua salada, me arrojo en la locomotora. Fue un viaje agitado: de pronto era un penacho blanco de vapor, de pronto caía en lluvia fina sobre la máquina. Adelgace mucho. Perdí muchas gotas. Su presencia cambio mi vida. La casa de pasillos obscuros y muebles empolvados se lleno de aire, de sol, de rumores y reflejos verdes y azules, pueblo numeroso y feliz de reverberaciones y ecos.

Cuántas olas es una ola o como puede hacer playa o roca o rompeolas un muro, un pecho, una frente que corona de espumas! Hasta los rincones abandonados, los abyectos rincones del polvo y los detritus fueron tocados por sus manos ligeras. Todo se puso a sonreir y por todas partes brillaban dientes blancos. El sol entraba con gusto en las viejas habitaciones y se quedaba en casa por horas, cuando ya hacia tiempo que habia abandanado las otras casas, el barrio, la ciudad, el país. Y varias noches, ya tarde, las escandalizadas estrellas lo vieron salir de mi casa, a escondidas. El amor era un juego, una creacion perpetua. Todo era playa, arena, lecho de sábanas siempre frescas. Si la abrazaba, ella se erguia, increiblemente esbelta, como tallo liquido de un chopo; y de pronto esa delgadez florecia en un chorro de plumas blancas, en un penacho de risas de caian sobre mi cabeza y mi espalda y me cubrian de blancuras. O se extendia frenta a mi, infinita como el horizonte, hasta que yo también me hacia horizonte y silencio. Plena y sinuosa, me elvolvia como una musica o unos labios inmensos. Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de besos. Entraba en sus aguas, me ahogaba a medias y en un cerrar de ojos me encontraba arriba, en lo alto del vertigo, misteriosamente suspendido, para caer despues como una piedra , y sentirme suavemente depositado en lo seco, como una pluma. Nada es comparable a dormir mecido en las aguas, si no es despertar golpeado por mil alegres latigos ligeros, por arremetidas que se retiran riendo.

Pero jamás llegue al centro de su ser. Nunca toque el nudo del ay y de la muerte. Quiza en las olas no existe ese sitio secreto que hace vulnerable y mortal a la mujer, ese pequeño boton electrico donde todo se enlaza, se crispa y se yergue, para luego desfallecer . Su sensibilidad, como las mujeres, se propagaba en ondas, solo que no eran ondas concentricas, sino excentricas, que se extendian cada vez mas lejos, hasta tocar otros astros. Amarla era prolongarse en contactos remotos, vibrar con estrellas lejanas que no sospechamos. Pero su centro… no, no tenia centro, sino un vacio parecido al de los torbellinos, que me chupaba y me asfixiaba.

Tendido el uno al lado de otro , cambiabamos confidencias, cuchicheos, risas. Hecha un ovillo, caia sobre mi pecho y alli se desplegaba como una vegetacion de rumores. Cantaba a mi oido, caracola. Se hacia humilde y transparente, echada a mis pies como un animalito, agua mansa. Era tan limpìda que podia leer todos sus pensamientos. Ciertas noches su piel se cubria de fosforecencias y abrazarla era abarazar un pedazo de noche tatuada de fuego. Pero se hacia tambien negra y amarga. A horas inesperadas mugia, suspiraba, se retorcia. Sus gemidos despertaban a los vecinos. Al oirla el viento del mar se ponia a rascar la puerta de la casa o deliraba en voz alta por alas azoteas. Los dias nublados la irritaban; rompia muebles, decia malas palabras, me cubria de insultos y de una espuma gris y verdosa. Escupia, lloraba, juraba, profetizaba. Sujeta a la luna, las estrellas, al influjo de la luz de otros mundos, cambiaba de humor y de semblante de una manera que a mi me parecia fantastica, pero que era tal como la marea.

Empezo a quejarse de soledad. Llene la casa de caracolas y conchas, pequeños barcos veleros, que en sus dias de furia hacia naufragar (junto con los otros, cargados de imagenes, que todas las noches salian de mi frente y se hundia en sus feroces o graciosos torbellinos). Cuantos pequeños tesoros se perdieron en ese tiempo! Pero no le bastaban mis barcos ni el canto silencioso de las caracolas. Confieso que no sin celos los veia nadar en mi amiga, acariciar sus pechos, dormir entre sus piernas, adornar su cabellera con leves relampagas de colores. Entre todos aquellos peces habia unos particularmente repulsivos y feroces, unos pequeños tigres de acuario, grandes ojos fijos y bocas hendidas y carniceras. No se por que aberracion mi amiga se complacia en jugar con ellos, mostrandoles sin rubor una preferencia cuyo significado prefiero ignorar. Pasaba largas horas encerrada con aquellas horribles criaturas.

Un día no pude mas; eche abajo la puerta y me arroje sobre ellos. Agiles y fantasmales, se me escapaban entre als manos mientras ella reia y me golpeaba hasta derribarme. Senti que me ahogaba. Y cuando estaba a punto de morir, morado ya, me deposito en la orilla y empezo a besarme, y humillado. Y al mismo tiempo la voluptuosidad me hizo cerrar los ojos. Porque su voz era dulce y me hablaba de la muerte deliciosa de loas ahogados.

Cuando volvi en mi, empece a temerla y a odiarla. Tenia descuidados mis asuntos. Empece a frecuentar los amigos y reanude viejas y queridas relaciones. Encontre a una amiga de juventud. Haciendole jurar que me guardaria el secreto, le conte mi vida con la ola. Nada conmueve tanto a las mujeres como la posibildad de salvar a un hombre.

Mi redentora empleo todas sus artes, pero, qué podia una mujer, dueña de un número limitado de almas y cuerpos, frente a mi amiga, siempre cambiante – y siempre identica a si misma en su metamorfosis incesantes? Vino el invierno. El cielo se volvio gris. La niebla cayo sobre la ciudad. Lovia una llovizna helada. Mi amiga gritaba todas las noches. Durante el día se aislaba, quieta y siniestra, mascullando una sola silaba, como una vieja que rezonga en un rincon. Se puso fria; dormir con ella era tirar toda la noche y sentir como se helaba paulatinamente la sangre, los huesos, los pensamientos. Se volvio impenetrable, revuelta. Yo salia con frecuencia y mis ausencias eran cada vez mas prolongadas. Ella, en su rincón, aullaba largamente. Con dientes acerados y lengua corrosiva roia los muros, desmoronaba las paredes. Pasaba las noches en vela, haciendome reproches. Tenía pesadillas, deliraba con el sol, con un gran trozo de hielo, navegando bajo cielos negros en noches largas como meses. Me injuriaba. Maldecía y reía; llenaba la casa de carcajadas y fantasmas. Llamaba a los monstruos de las profundidades, ciegos, rapidos y obtusos. Cargada de electricidad, carbonizaba lo que rozaba. Sus dulces brazos se volvieron cuerdas asperas que me estrangulaban. Y su cuerpo verdoso y elástico, era un látigo implacable, que golpeaba, golpeaba, golpeaba.

Huí. los horribles peces reían con risa feroz. Allà en las montañas, entre los altos pinos y los despeñaderos, respire el aire frio y fino como un pensamiento de libertad. Al cabo de un mes regresé. Estaba decidido. Había hecho tanto frío que encontré sobre el marmol de la chimenea, junto al fuego extinto, una estatua de hielo. No me conmovió su aborrecida belleza. Le eché en un gran saco de lona y salí a la calle, con la dormida a cuestas. En un restaurante de las afueras la vendí a un cnatinero amigo, que inmediantamente empezó a picarla en pequeños trozos, que depositó cuidadosamente en las cubetas donde se enfrían las botellas.

Permalink Dejar un comentario

Siguiente Página »